Son tiempos difíciles
de ver los trenes pasar,
de ruletas rusas,
miradas al puerto
y cuentas pendientes.
Volvernos cómplices
del desencanto
siempre es una opción,
esperar y desesperar,
olvidarse de los años eléctricos
y bailar en el acantilado.
Tropezar con mil piedras idénticas,
alimentar el desengaño
para cobijar los sueños
que se quedaron a medio camino.
Nacer en las mañanas
y dormir en las aceras,
deshacer la cama,
entornar la puerta
y traerte para el último suspiro.
26/1/2010
Pablo Ortiz Barquero